Teoría del apego
La forma en que te quisieron de pequeño deja huella… pero no escribe tu destino.
Es una de las teorías con más respaldo de la psicología del desarrollo. Su aplicación a las relaciones de pareja adultas también tiene apoyo, aunque los estilos son menos estables de lo que se suele decir en redes.
¿Te suena?
Tu pareja tarda en contestar y empiezas a imaginar lo peor. O al revés: alguien se acerca demasiado y sientes la necesidad de poner distancia. Estas reacciones pueden tener raíces muy antiguas.
Qué es
El psiquiatra británico John Bowlby propuso que los bebés nacen con una necesidad biológica de mantenerse cerca de una figura que los cuide y los proteja.1 Según cómo responda esa figura (con disponibilidad y cariño, o de forma fría o imprevisible), el niño construye un modelo interno de lo que puede esperar de los demás y de sí mismo.
En la misma época, los experimentos de Harry Harlow con crías de mono habían mostrado algo parecido: las crías preferían pasar el tiempo con una "madre" de trapo suave que con una de alambre que les daba leche. El vínculo no dependía solo de la comida, sino del consuelo.2
El experimento
La psicóloga Mary Ainsworth diseñó la llamada "situación extraña": un bebé de alrededor de un año juega en una sala con su madre, entra una persona desconocida, la madre sale unos minutos y después vuelve.3 Lo más revelador era el reencuentro:
- Seguro: el bebé protesta al irse la madre, la busca al volver, se calma y sigue jugando.
- Evitativo: parece indiferente e ignora a la madre al volver.
- Ambivalente o resistente: se angustia mucho y, al volver la madre, busca consuelo pero a la vez se resiste a él.
Más tarde, Mary Main y Judith Solomon describieron un cuarto patrón, el desorganizado, con conductas contradictorias o confusas ante la figura de apego.4
Qué sabemos hoy
Un metaanálisis con datos de varios países encontró que el apego seguro era el más frecuente en todas las culturas estudiadas, aunque la proporción de los tipos inseguros variaba de un país a otro.5
En 1987, Cindy Hazan y Phillip Shaver trasladaron estas ideas a las relaciones de pareja adultas y encontraron estilos parecidos a los de la infancia.6 Pero un metaanálisis de Chris Fraley mostró que la estabilidad del apego desde la infancia hasta la edad adulta es solo moderada: las experiencias posteriores también cuentan.7
Mito vs. realidad
Mito "Tengo apego evitativo, así que soy así y no puedo cambiar."
Realidad El apego no es una etiqueta fija. Las relaciones seguras, la terapia y la experiencia pueden cambiarlo a lo largo de la vida. Además, los tests rápidos de internet no sirven para diagnosticarlo.
En tu día a día
- Observa tus patrones: ¿qué sientes cuando alguien se aleja, o cuando se acerca mucho?
- Pon nombre a la emoción antes de reaccionar ("tengo miedo a que me deje", "me agobia").
- Las relaciones seguras son contagiosas: rodearte de personas estables y previsibles ayuda.
Fuentes
- Bowlby, J. (1969). Attachment and loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books.
- Harlow, H. F. (1958). The nature of love. American Psychologist, 13(12), 673–685. doi.org/10.1037/h0047884
- Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., y Wall, S. (1978). Patterns of attachment: A psychological study of the Strange Situation. Lawrence Erlbaum.
- Main, M., y Solomon, J. (1990). Procedures for identifying infants as disorganized/disoriented during the Ainsworth Strange Situation. En M. T. Greenberg, D. Cicchetti y E. M. Cummings (Eds.), Attachment in the preschool years (pp. 121–160). University of Chicago Press.
- van IJzendoorn, M. H., y Kroonenberg, P. M. (1988). Cross-cultural patterns of attachment: A meta-analysis of the Strange Situation. Child Development, 59(1), 147–156. doi.org/10.2307/1130396
- Hazan, C., y Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511–524. doi.org/10.1037/0022-3514.52.3.511
- Fraley, R. C. (2002). Attachment stability from infancy to adulthood: Meta-analysis and dynamic modeling of developmental mechanisms. Personality and Social Psychology Review, 6(2), 123–151. doi.org/10.1207/S15327957PSPR0602_03